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Musashi: No Mentir

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Musashi: No Mentir

Mensaje por Musashi el 11.04.16 19:00

Luna no estaba contenta. De hecho estaba furiosa

Te lo ruego Luna. Llevo casi 2 semanas desaparecido voy a perderlo tó

No necesitas” refunfuñó, señaló con la mano a lo lejos, a los bosques que se cerraban a los pies del valle “tu todo aquí. Intentar

Casi compulsivamente, me preparé para intentar fundirme con la tierra, pero logré resistir. El poder que tenía sobre mí no era absoluto, aún.

No” dije firmemente. Vi dolor en su mirada y me maldije a mí mismo, odiaba hacerle daño, pero me mantuve firme.

Aún no pue’o hacerlo, lo sabes. No puedo hacer como tú y cada vé que duermes conmigo por el día estás en peligro. Déjame llamar a mi socio para que sepan que e‘toy viv... bie... aquí”. (Un hurra por mi locuacidad) “Si estamos serca de un motel necesito mi dinero para una habitación

Me miraba, sin expresión. En el poco tiempo que llevábamos juntos había aprendido que eso era… malo, muy malo.

Venir” se dio la vuelta y se dirigió sin mirarme ni esperarme hacía la carretera y las luces de la estación de servicio.

Cuando estábamos cerca se paró, de golpe, casi me doy con ella. El silencio se alargó, estaba a punto de decir algo cuando dijo “Hablar. No mentir
Me quedé algo confuso. Su manera de hablar a lo Yoda me parecía adorable, pero a veces me cansaba, sobre todo porque empezaba a sospechar que era forzada, intencionadamente o no.

¿No miento? ¿Le ‘igo que soy un vampiro?

Se volvió rápidamente, mirándome con sus ojos rojos “Mascarada o yo destruir

Retrocedí mientras se me escapaba un “¡Kuso!” Es curioso como vuelvo al japonés cuando estoy nervioso o asustado.

Lo decía en serio. Aún me dolía el cuello de cuando casi me lo arranca de cuajo,… cuando el desastre de los campistas…

El recuerdo me estremeció y me enfureció a la vez. Me estaba hartando que esa cría (que no lo era) me tratase como a un recién nacido (lo que, en parte, yo sí era). Le sacaba 2 cabezas ¡Por amor de Dios! Las únicas mujeres a las que había dejado darme órdenes eran mi madre, mi abuela y María, no iba a dejar…

Luna estaba gruñendo. Sus labios se habían separado y podía ver sus afilados dientes. Me di cuenta de que su gruñido era en respuesta al mío propio. En algún momento había sacado mis colmillos y gruñía como un animal… La bestia… Cerré la boca y los ojos y me concentré en ser yo. Fue fácil, engañosamente fácil. Bien sabía lo rápido que podía volver el monstruo.

Luna me miraba tranquila, no sin comprensión. Me había dicho que se haría más fácil controlarme con el tiempo “¿Y si no?” le había preguntado “Yo matar tú” No lo dijo en broma. Había aprendido, por las malas, que nunca bromeaba

Todos mentir” dijo “Mejor aprender decir verdad”, vi como intentaba encontrar las palabras para explicarme lo que quería decir pero se rindió. “Todos Mentir” repitió “Ir

Conseguí controlarme lo bastante para que pareciera que me tomaba unos momentos para cumplir su orden, como si yo decidiera hacerlo. No era que controlase mi mente, más bien me sentía como un enamorado quinceañero que haría cualquier cosa para que su niña se fijase en él. No había hecho tanto el tonto desde que conocí a María. Me aferré a ese pensamiento, pensar en María me ayudaba a ser yo mismo.

Los olores me atacaron cuando me acerqué a la gasolinera. El hedor a asfalto, gasolina, aceite… me asfixiaba. Intenté dejar de respirar para no marearme, pero me costaba resistirme al reflejo.

En la pared que hacía esquina a la entrada del establecimiento había tres cabinas, Abiertas, de las que se cuelgas de la pared. Una no tenía teléfono, otra no tenía auricular y la última funcionaba. Mejor, no me apetecía tener que hablar con el dependiente, sobre todo por su seguridad.

Revisé mis bolsillos y saqué dos monedas de 5 duros. Llevábamos semanas viajando en dirección noreste pero imaginaba que aún estaríamos en Andalucía.

Podía llamar a mucha gente, amigos, alguna familia… pero me harían muchas preguntas, demasiadas. Tenía que hablar con alguien en quien pudiera confiar, alguien a quién la gente preguntase por mí y no se implicase emocionalmente. Sabía a quién llamar, Carlos. Carlos Ojeda, mi socio de la tienda de caza.

Era mi socio, se podía decir que mi amigo, pero era una persona que sólo vivía para los negocios. Cuando le vendí la mayor parte de mi participación de la tienda, más que sentirlo por mí y mi mujer, sé que lo sentía por las pérdidas de cancelar las batidas de caza que yo organizaba.

No era mala persona, sólo era un insoportable y egoísta señorito andaluz, con dinero y ojo para los negocios. Hablar con él era como hablar con una pared, no escuchaba, sólo oía lo que quería oír… Entonces entendí lo que Luna quería decirme “Todos Mentir” Sí, todos mienten, empezando por nosotros mismos.

“Diga” La voz de Luisa me contestó desde el teléfono de su acogedora casa de la urbanización, yo había estado allí muchas veces, pero parecía que eso había sido hace años, en otra vida. “Hola Luisa, buena’ noshe, soy Musashi” Su gritó de alegría casi me revienta el tímpano “Musashi, mi vida, mi arma, ¿pero tú sabes lo preocupaísimos que nos tenías ladrón?. ¿Dónde está?¿Está bien?..."

Por un segundo temí verme desbordado por la riada de preguntas que Luisa parecía dispuesta a hacerme, con pánico me di cuenta de que no sabía qué día era. Si era jueves Carlos estaría “jugando al golf” en el club de señoritas de Marbella.

Con alivio, escuche la voz socarrona y soberbia de Carlos mientras le quitaba el auricular a su mujer “Quita histérica, que son cosas de hombres. Vete a la cocina que tengo que hablar con mi socio

Por supuesto empezó a hablar sin ni siquiera decirme hola “¡Chinooo! ¿Pero dónde está? ¿Tú sabé la que mhas armao, tó la gente que ha preguntao por ti? Iba a mandar a los picoletos pá vé si te encontraban…

¡Coño!¡Carlos!¡No me jodas! ¿Has llamado a la Guardia Civil?

Que no, que no. Exagerao, que yo ya se lo que te pasa” Dijo con sorna “¿Ah sí?” dije inocentemente

Po claro que sí, hombre. Que tú eres mi quillo
En ese momento oí claramente como se descolgaba otra línea. Luisa escuchaba desde el teléfono de la cocina. Carlos, ensimismado en su conversación ni se había dado cuenta.


… una Sueca” “¿Cómo?” me había distraído y había perdido el hilo del monólogo de Carlos “¿Sueca, alemana, guiri?

Abrí la boca para negarlo y recordé “No mentir” Pensé un segundo y dije “La verdad es que no sé de donde es” “Jajá. Lo sabía, el samurái vuelve a sacar el sable”  Que era odioso a veces, lo sabía todo el que le conocía, pero de ese afán por superarse a sí mismo sólo éramos conscientes los más allegados, por desgracia.

Seguía con sus machadas cuando le corté “Mira, Carlos, sólo quería llamaros para deciros que no he desaparecido ni nada de eso” “Vale, vale machote pero dime como estás” detrás de todas sus tonterías siempre salía el hombre de negocios… y el amigo. Notaba que estaba preocupado. “No Mentir” me repetí

Pues la verdad es que toy muerto. Llevo dos semanas que sólo salgo de noche

Risas, sí, muchas risas “Ella parece muy joven pero es mayor de lo que aparenta…” “Me lleva de aquí pa’lla, no sé ni dónde estoy…””Hace conmigo lo que quiere…” Todo verdad,… todo mentira.

Quedé en enviarle una postal en cuanto pudiese. Sabía que le contaría lo macho que soy a todo el que preguntase por mí... Luisa lo contaría sin que le preguntasen, la cotilla. Contaría a todos como había olvidado a María y me había ido, en plan hippie, de aventura con una adolescente guiri.

Me daba asco a mí mismo. Colgué el teléfono y me volví. La cara de Luna estaba a escasos centímetros de la mía, salté hacía atrás, sobresaltado y salté una retahíla de tacos en japonés. Luna se reía como una cría. Cuanto más indignado me sentía más se reía.

Iba a decir algo y me puso el dedo en los labios “Shh, hacer bien. Mentir fácil, Culpa tuya. Decir verdad difícil, culpa de ellos

Me tomó de la Mano y, con suavidad, me arrastró de vuelta al monte, de vuelta a la noche.
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Musashi


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Re: Musashi: No Mentir

Mensaje por Narrador el 15.04.16 13:33

Hilo cerrado:
Musashi: 1PX/flashback autoconclusivo.
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